domingo, 25 de septiembre de 2011

Elecciones

Yo digo, ¿no? ¿Y si Bibi se paraba en el podio y decía que Israel no tendría ningún problema en negociar con el representante legítimo de los palestinos? Porque Mahmudcito ya no es presidente hace años, su mandato caducó en el 2009, si mal no recuerdo. (Puede ser incluso antes). Pararse y decirle a todas esas naciones de dictadores que conforman la ONU que está el pequeño problema de las elecciones palestinas y que Israel no aceptará tener por vecino a otra dictadura árabe. Me hubiera gustado eso y que las cámaras enfoquen a los representantes de reyezuelos, dictadores, guerrilleros y demás basura que conforma el cuerpo principal de la ONU.

Los palestinos rechazan el plan de paz

Hoy vi en la tele los titulares de algún noticiero argentino: "Los palestinos rechazan el plan de paz". No está todo perdido muchachos, siempre hay una luz de esperanza. Especialmente cuando los palestinos se esfuerzan por hacer verdadero el dictamen de que no pierden una oportunidad para perder una oportunidad.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La deuda externa

Los optimistas que creen que una vez que se declare un estado palestino Israel se verá beneficiado dado que el reclamo del "derecho al retorno"palestino perderá toda credibilidad no han vivido en el planeta Tierra en los últimos 6 años. En el planeta Tierra a Israel todavía se lo acusa de ocupar la Franja de Gaza y de ser responsable de lo que ocurra allí. Sea porque estar de un lado de una frontera es "ocupar" el otro lado, o porque un bloqueo naval es "ocupación", o porque dado que Gaza no tiene capacidad de generar su propia energía eléctrica o sus recursos hídricos, el hecho de que Israel se los provea es "ocupación". Israel debería fomentar la industria armamentística de la Franja de Gaza para que esta gente de tan altas conciencias quede satisfecha.

En el Planeta Tierra, cuanto más pague Israel, más deberá.

Si la declaración palestina en la ONU es unilateral, se pudre todo

De Apuntes Urbanos:

Si Palestina declara su independencia de manera unilateral, desconociendo los acuerdos firmados, Israel también desconocerá la parte que le toca... se va a pudrir todo :(. Esperemos que no llegue a la violencia.
(Radio Jai) Cabe recordar que Israel realizó acuerdos con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en 1994 en París en el que se le otorga a los palestinos un reembolso de parte de Israel de las tasas aduaneras y del IVA sobre los bienes importados que cruzan por los puertos y aeropuertos israelíes.

Esa devolución, de 60 millones de euros mensuales, representa más del 60 por ciento de los ingresos de los palestinos.

"La asistencia futura y la cooperación podría comprometerse severa e irremediablemente si la dirección palestina continúa en esa vía violatoria de los acuerdos firmados que reglamentan las relaciones económicas entre Israel y la Autoridad Palestina", aseguró el viceministro de Relaciones Exteriores, Danny Ayalon, quien también aclaró que "Israel no tendrá en absoluto ninguna obligación hacia el supuesto estado palestino (...) creado artificialmente en violación de todos los acuerdos".

Muchos de los principales analistas de la temática en Medio Oriente, destacan que los acuerdos firmados entre Israel y la OLP perderían vigencia ante el reconocimiento unilateral de un estado palestino, ya que no existen convenios firmados entre Israel y el estados palestino.

Por último, el ministro de Finanzas de Israel, Yuval Steinitz, aclaró que "quieren establecer un Estado sin la paz, sin la seguridad, sin poner fin al conflicto, sin reconocer el Estado de Israel, sin asumir el más mínimo compromiso. Todo eso representa nuestra peor pesadilla, y eso tiene un precio".

lunes, 19 de septiembre de 2011

La primavera árabe: entre inviernos islamistas y estados fallidos

Durante los meses de Enero y Febrero, al calor de las protestas contra los regímenes de Ben Ali y Hosni Mubarak en Túnez y Egipto, nuestros medios de comunicación occidentales –al menos los españoles- hicieron una lectura optimista de aquellas protestas, que estaban convulsionando el Magreb, Oriente Medio y las millonarias monarquías feudales del Golfo Pérsico, presentándolas como una “oleada democratizadora” del mundo árabe islámico, similar a la vivida en los países del antiguo Pacto de Varsovia a finales de los ochenta e inicios de los noventa, coincidiendo con el desplome del imperio soviético.

Ese análisis, influenciado por la imagen de los jóvenes manifestantes de Tahrir o de Túnez, occidentalizados, con formación universitaria, anglo hablantes, fans de las redes sociales como Facebook y Twitter, y que en las entrevistas de nuestros corresponsales hablaban de aperturismo, de democracia y de derechos humanos, se ha demostrado que era excesivamente simplista y que partía de premisas erróneas: como por ejemplo dar por hecho que la caída de un dictador tiene que conducir forzosamente a una transición democrática. Ahora, nueve meses más tarde, el panorama es mucho más sombrío y no pocos analistas han expresado públicamente sus temores de que la “primavera árabe”, esa supuesta ola democratizadora del mundo islámico, tenga como epílogo un cruento invierno islamista.

En Túnez y en Egipto la transición democrática está controlada por el ejército y por el aparato estatal del antiguo régimen, sólo que sin sus cabezas visibles, Mubarak y Ben Ali. Las reformas aperturistas y económicas prometidas se aplican lentamente y de momento han beneficiado especialmente a los islamistas, que han gozado de una amplia amnistía y han fundado sus nuevos partidos políticos con vistas a participar en el juego democrático, como Al Nahda (el renacimiento) en Túnez o el Partido de la Libertad y la Justicia de los Hermanos Musulmanes egipcios. Esta situación ha provocado en ambos países, el desencanto de muchos ciudadanos y los manifestantes han vuelto por ejemplo a la plaza Tahrir. Existe el temor en la opinión pública de que el gobierno de transición se eternice en el poder y el resultado de la primavera tunecina o egipcia sea una nueva dictadura militar. En el caso egipcio, la comunidad internacional también ha mostrado su preocupación por el deterioro de las relaciones entre los gobiernos de El Cairo y Jerusalén en las últimas semanas. El atentado terrorista del pasado 18 de Agosto en la carretera de Eilat, cometido por un comando palestino-egipcio, vinculado a los “comités de resistencia palestina”, organización disidente de Fatah por su participación en el proceso de paz y afín al Hamas, ha demostrado que la frontera del Sinaí ha dejado de ser segura para Israel y el posterior deterioro de las relaciones diplomáticas entre ambos países, especialmente tras el asalto a la embajada israelí en el Cairo el pasado 9 de Septiembre, ha provocado incertidumbre tanto dentro como fuera de Israel.  El gobierno de Netanyahu se ha planteado acelerar las obras de construcción de un muro en la frontera del Sinaí, iniciado en el 2008, con finalidades defensivas.

La nueva Libia post Gadafi también despierta serias dudas a pesar de los discursos optimistas y del baño de masas que la pasada semana se dieron el primer ministro británico, David Camerón, y su colega francés Nicolás Sarkozy. Con los restos del “Gadafismo” todavía atrincherados en Sirte, la transición a la democracia no se presenta como una tarea sencilla. Libia es un estado artificial, creado en 1951 sobre las cenizas de la descolonización italiana mediante la unión en un reino bajo protección británica de las provincias de la Tripolitana, la Cirenaica y Fezan. Se trata pues, de un estado artificial, con importantes rivalidades históricas entre los habitantes de la Cirenaica y la Tripolitana, con una población más aferrada a sus viejas adscripciones tribales y al clan que a un concepto moderno de estado y de ciudadanía y con un Consejo de Transición Nacional que no es homogéneo y en el que ya han aflorado las primeras divisiones importantes. El simple apoyo económico internacional al nuevo gobierno no será suficiente para garantizar su viabilidad y no se pueden volver a cometer los errores de la transición post Saddam en Irak. El riesgo es muy elevado: un estado fallido libio puede convertirse en una nueva Somalia a las puertas del Mediterráneo y en un nuevo territorio franco para la instalación de grupos yihadistas, como ha ocurrido anteriormente en Afganistán, Somalia o Irak. El gobierno de transición Libio tiene su modelo en la Turquía de Erdogan. De hecho, esta misma semana el premier turco ha visitado Trípoli y unos días antes el presidente del CNT afirmó que la nueva Libia tendrá la Sha’aria como fuente de toda ley pero sin caer en radicalismos. La transición en Libia no será fácil y las consecuencias serían trágicas si el estado colapsa o el islamismo libio – con vínculos demostrados con Al-Qaida y el Salafismo - acaba mirando a Teherán en lugar de hacerlo a Ankara.

Las manifestaciones de protesta en Siria y Yemen están siendo brutalmente reprimidas por los regímenes de Bashar Al-Assad y de Mohammed Abdulah Saleh. En ambos casos, tanto Al-Assad como Saleh cuentan con el apoyo de poderosos aliados - como Irán y sus satélites o Arabia Saudí en el caso de Yemen- y ese apoyo les permite de momento controlar la situación frente a unos opositores divididos y carentes de liderazgo. Pero el futuro es una incógnita. Yemen, un país arrasado por la pobreza, por la rivalidad de chi’itas y sunitas, por las pulsiones secesionistas del sur del país y por el terrorismo islámico de Al-Qaeda, no parece el escenario ideal para que una hipotética transición a la democracia tras la caída del dictador pueda consolidarse. La caída de Saleh sería sin duda una buena noticia pero el riesgo de un futuro estado fallido yemení, corroído por el terrorismo de Al-Qaida, las rivalidades norte sur y los enfrentamientos sectarios, no puede descartarse. Y lo mismo podríamos decir de Siria, donde la mayoría de la población, árabe y sunita, se opone a la hegemonía política de la minoría alawita, vinculada a la familia de Assad, al ejército y a los todopoderosos servicios secretos o “mujabarats” sirios. La caída de Assad, sin duda otra gran noticia, podría abrir la caja de pandora de las rivalidades sectarias, las guerras civiles o incluso la desmembración del país, como ya estuvo a punto de ocurrir en Irak tras la invasión anglo-estadounidense del 2003.

De momento, la gran triunfadora de la primavera árabe ha sido la Turquía de Erdogan, que aspira a convertirse en una gran potencia regional. En estas últimas semanas su popularidad ha crecido mucho en la opinión pública árabe por la influencia que el modelo turco, combinación de democracia parlamentaria e islamismo, ejerce sobre los gobiernos de transición de Túnez, Libia y en menor medida de Egipto, y por su último enfrentamiento con el gobierno israelí a raíz de la publicación del informe de la Comisión Palmer para esclarecer los hechos relacionados con la intercepción de la marina israelí de la “Flotilla de la Libertad” en Mayo del pasado año. La congelación de las relaciones diplomáticas con Israel, la retórica pro Hamas y el apoyo a la declaración de independencia unilateral palestina en la ONU, y sus reiteradas amenazas en las últimas semanas a Israel y Chipre con un posible conflicto en las aguas del Mediterráneo Oriental con el pretexto de la defensa de las flotillas o de evitar que “Israel monopolice la explotación de los recursos energéticos” de esa parte del “Mare Nostrum” nos muestran la ambición del gobierno islamista de Erdogan tanto por ser una gran potencia regional como por explotar unos recursos energéticos -importantes yacimientos de gas y petróleo- que se encuentran fuera de sus aguas jurisdiccionales, llegando incluso si es necesario al conflicto abierto con Israel.

En conclusión, a pesar de las esperanzas puestas en Occidente con los movimientos de protesta bautizados como "la primavera árabe", éstas estaban más bien basadas en premisas erróneas y en el "subidón" emocional del momento que no en un análisis frío y racional de los acontecimientos. Ahora, nueve meses después, no se puede descartar que a la "primavera árabe" le siga un cruento invierno islamista, el surgimiento de nuevas "repúblicas del Shawarma" bajo dictaduras militares o el colapso del estado y que países como Líbia se conviertan de facto en estados fallidos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Una lámpara de kerosén humeante para las naciones

¿Qué es lo que queda del precarísimo reclamo moral de los palestinos por un estado (precarísimo porque se funda en 60 años de terrorismo y guerras contra Israel, ideologías islamistas y extremistas de todo color y el inseparable antisemitismo absorbido del Korán, los nazis y los soviéticos), si este mismo estado ha declarado que se rehusará a otorgar ciudadanía a los mismos "refugiados" palestinos que la reclamen?

Palestinian refugees will not become citizens of a new Palestinian state

BEIRUT: Palestinian refugees will not become citizens of a new Palestinian state, according to Palestine’s ambassador to Lebanon.

From behind a desk topped by a miniature model of Palestine’s hoped-for blue United Nations chair, Ambassador Abdullah Abdullah spoke to The Daily Star Wednesday about Palestine’s upcoming bid for U.N. statehood.

The ambassador unequivocally says that Palestinian refugees would not become citizens of the sought for U.N.-recognized Palestinian state, an issue that has been much discussed. “They are Palestinians, that’s their identity,” he says. “But … they are not automatically citizens.”


Cuál será el derecho moral de un estado de supremacistas religiosos y de apartheid como el palestino cuando ejercerá su apartheid incluso con parte de su propio pueblo, carne de cañón cuando lo necesitó? ¿Se acuerdan de toda esa historia lacrimógena de Sabra y Shatilla? Bueno, los funcionarios palestinos han decidido que los sabrashatilenses no tienen derecho automático a ser ciudadanos palestinos. Siempre han derramado lágrimas de cocodrilo por éllos, pero ahora lo han dejado en negro sobre blanco.

martes, 13 de septiembre de 2011

Israel y Egipto: de la primavera árabe al asalto de la embajada israelí en el Cairo. Algunas claves de la crisis.

El pasado Viernes manifestantes enfurecidos destruyeron el muro construido por el gobierno egipcio, asaltaron la embajada de Israel en El Cairo, destruyeron documentos oficiales y prendieron fuego a la bandera israelí. Las fuerzas de seguridad egipcias actuaron tarde y sólo lo hicieron para salvar de un linchamiento seguro al personal de seguridad de la embajada debido a la presión de la administración Obama. Esa misma noche el personal diplomático israelí, encabezado por el embajador, Yitzjak Levanon, se trasladaba a Israel en un vuelo de las fuerzas armadas. No parece probable que el embajador vaya a retornar al Cairo en los próximos días y las relaciones diplomáticas entre Jerusalén y El Cairo han quedado prácticamente congeladas.

Ciertamente, la tensión entre ambos países había aumentado desde el pasado 18 de Agosto, cuando un comando terrorista palestino-egipcio penetró en territorio israelí desde Gaza vía el Sinaí y realizó un atentado terrorista en las proximidades de Eilat. Esa misma tarde, durante la persecución de los terroristas en su tentativa de retorno al Sinaí, cinco agentes de policía egipcios fueron abatidos por fuego amigo israelí en un control policial fronterizo y el gobierno egipcio amenazó con tensar la cuerda en las relaciones bilaterales entre ambos países sino recibía una disculpa oficial del gobierno israelí. Pero ahora, tras el saqueo de la embajada y el tiroteo sufrido por un vehículo militar israelí en el paso fronterizo de Netafim, próximo a la frontera entre ambos países, se ha llegado a un punto de no retorno y algunos analistas ven incluso bajo amenaza los acuerdos de paz de Camp David.


En mi opinión, este deterioro de las relaciones diplomáticas entre Israel y Egipto es una consecuencia directa de la retórica abiertamente israelofóbica de la “primavera árabe”. En este sentido, conviene recordar que Hosni Mubarak respetó el tratado de paz de Camp David con Israel, firmado por su antecesor Anwar Al-Sadat en 1979, pero no preparó a su pueblo para una paz real con sus vecinos israelíes.  La demonización de Israel fue una constante en los medios de comunicación oficiales egipcios y la visión del estado hebreo como una agresión “sionista-imperialista” a los árabes siempre estuvo presente. Esto explica –al menos en parte- la impopularidad del tratado de paz de Camp David en la mayor parte de la sociedad egipcia.

Entre el 25 de Enero y el 11 de Febrero, influidos por la caída de Ben Ali en Túnez, los egipcios salieron a la calle para protestar contra Mubarak y contra los acuerdos de paz de Camp David con Israel. Contrariamente a lo que se dijo entonces en los medios de comunicación españoles, las muestras de odio contra Israel si estuvieron presentes en la plaza Tahrir, como por ejemplo las pancartas donde aparecía dibujado un Maguen David en la jeta de Mubarak o las amenazas de destruir a Israel después de acabar el trabajo en la plaza Tahrir.



Tras la caída del octogenario “rais”, en la sociedad egipcia había calado la idea de que los acuerdos de paz habían sido un mal negocio y era necesario renegociarlos según los intereses egipcios. El clamor popular fue recogido por políticos como Mohamed El Baradei, el candidato presidencial favorito de Occidente, o Aiman Nour, el candidato por el partido Al Ghad –el mañana- la principal fuerza opositora desde una óptica progresista y laica al régimen de Mubarak. Otras voces más radicales, como las de los Hermanos Musulmanes, fueron más allá y expresaron su voluntad de cancelar los acuerdos de paz y de declarar la Yihad contra Israel.

Ahora bien, habría que preguntarse por el significado de “renegociar los acuerdos de paz según los intereses egipcios”. Si tenemos en cuenta que una de las claves de los acuerdos de paz de Camp David era la desmilitarización de la frontera entre Israel y Egipto y también de la península del Sinaí, no nos costará entender que el gobierno de transición, dirigido por el Consejo Supremo de las Fuerzas armadas egipcias, busque una renegociación de los acuerdos para aumentar la presencia militar y policial en el Sinaí con el pretexto de combatir al terrorismo internacional y a las redes terroristas que habían fortalecido su presencia aprovechándose del caos que se produjo en la península durante las protestas contra el régimen de Mubarak en los meses de Enero y Febrero. De hecho, desde entonces, el gaseoducto que suministra gas a Israel y a Jordania ha sido saboteado en varias ocasiones y la inteligencia israelí ha detectado unas importantes redes de tráfico de armas desde Sudán hasta Gaza vía el Sinaí. Para evitar que la península mencionada se convierta en una nueva Gaza, en una plataforma del terrorismo islamista internacional y palestino, el gobierno israelí ha permitido en varias ocasiones una mayor presencia policial y militar egipcia. En este sentido, algunos analistas piensan que el atentado terrorista del pasado 18 de Agosto dio al gobierno de transición del general Mohamed Tantawi un nuevo pretexto para solicitar un aumento de los contingentes militares egipcios en el Sinaí y utilizó la muerte de los cinco agentes de policía egipcios para presionar al gobierno israelí, que ve con recelo una posible nueva militarización del Sinaí y de la frontera entre ambos países.

Pero los Hermanos Musulmanes, los organizadores de las manifestaciones ante la embajada de Israel y por tanto del asalto del pasado Viernes, le han enviado un mensaje al gobierno de transición: no queremos renegociar los tratados de paz con Israel sino su liquidación. Precisamente, viendo el deterioro de las relaciones con Turquía, el asalto a la embajada en El Cairo y la incertidumbre existente en el futuro a medio plazo de países como Libia o Siria, en el interior de Israel ya han surgido algunas voces, como la del general Eyal Eisenberg, que han avisado acerca de la posibilidad de que la “primavera árabe” desemboque en un “invierno islamista". En otras palabras, que la primavera árabe finalice con la implantación de gobiernos islamistas en Egipto, Túnez o Líbia y que se produzca un revival islamista por todo Oriente Medio en los próximos meses.
  
Sea como sea, la ingenuidad y el buenismo de la administración Obama con respecto a la “primavera egipcia” no dejan lugar a dudas. Al igual que ya ocurrió en Enero-Febrero, durante las protestas contra el régimen de Mubarak, el gobierno estadounidense ha reaccionado a destiempo y con una postura dubitativa. Entonces, tras muchas dudas, dejó tirado a Mubarak tras treinta años de colaboración estratégica en Oriente Medio sin darle una salida honrosa y en los últimos meses no ha querido amonestar al gobierno transitorio del general Tantawi cuando permitió el cruce de dos navíos iraníes de guerra por el Canal de Suez en el pasado mes de Febrero o por su acercamiento al Hamas de la pasada primavera, plasmado en la apertura del paso fronterizo de Rafah y en la mediación egipcia para el acuerdo de reconciliación entre los islamistas y Fatah y la formación de un gobierno palestino de unidad. Y lo mismo podríamos decir de la postura de la administración Obama con respecto a las provocaciones del premier turco, Recep Tayyip Erdogan. Luego, que nadie se sorprenda si finalmente acaba llegando ese invierno islamista.


PD. Sobre este mismo tema, ayer redacté este artículo en catalán.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Egipto parece necesitar una dosis de realidad

Parece que los egipcios desean perder a su Tercer Ejército esta vez. La vez pasada Israel los perdonó, pero no hay peor resentido que al que le perdona una fechoría su misma víctima gracias a su calidad moral y ética más elevada. Es un doble golpe: fracaso y conciencia de inferioridad moral. Todo eso por supuesto, lo han ocultado con una coraza de mentiras ("ganamos la guerra, atacamos a los infieles, defendimos nuestro honor"), pero estoy seguro que saben la verdad: agredieron a un vecino que no los atacó, lo hicieron por sorpresa en su día más sagrado, perdieron con una derrota aún más brutal y absoluta que en 1967 y encima muchos viven hoy porque las víctimas de su agresión decidieron perdonarles la vida).

La próxima vez es Asuán, y a leer a la luz de la vela por 30 años y más, mis queridos egipcios.

Ah, y no me cabe ninguna duda que Barack Obama es responsable de este deterioro en la posición estratégica de Israel. Es todo un dominó y él es el que tiró la primera ficha con su desastroso discurso de El Cairo. Le ha ganado a Jimmy Carter en ser el peor presidente de Estados Unidos en la historia. Vamos a ver cuánto le dura el amor de los "rebeldes libios" (muchos miembros de grupos tan fundamentalistas como Al Qaeda) y si puede contar con ellos para algo más que para aceptar cheques de la Casa Blanca.

domingo, 4 de septiembre de 2011

La Bibi shelí, shalosh, dirot...

Quiero compartir la experiencia de un amigo, el Dr. Yossi Goldstein, que estuvo ayer en la manifestación más grande de la historia de Israel:

Quisiera compartir con ustedes mis impresiones sobre las manifestaciones sociales de ayer por la noche, denominadas "la protesta del millón". Ante todo no hubo un millón de personas en las 18 ciudades donde hubo concentraciones, pero sí asistieron cerca de medio millón de personas, algo sin precedente en la historia del joven Estado de Israel. He leido y observado con atención en muchos medios de comunicación israelí (TV, prensa y sitios de internet) que al menos 450 mil manifestantes se auto-convocaron, a saber: Alrededor de 300 mil en Tel Aviv, más de 60 mil en Jerusalem (Kikar París, en pleno centro de la ciudad en la interjección entre las calles Keren Hayesod-King George, con Ramban-Aza-Agrón), alrededor de 35 mil en Haifa, y el resto en ciudades periféricas como Kiriat Shmoná, Rosh Piná, Carmiel, Afula, Nes Tziona, Arad y Eilat.

Yo he asistido a la manifestación de Jerusalem, mi ciudad. Fue emocionante e impactante ver tanto público de todas las edades - muchas familias con sus hijos - y sectores (he notado bastantes "jovshei kipot" de todas las denominaciones, incluyendo muchas "kipot shjorot" de la ortodoxia más libeal (si bien el sector jaredí no adhirió al movimiento de protesta). Los lemas cantados en forma disciplinada en el acto fueron los siguientes: "El pueblo demanda justicia social" (Haam doresh Tzedek Jevratí), "Hu-ha quien viene, es el estado de bienestar social" (Hu-Ha mi ze bá, medinat Harevajá), "No beneficiencia - revolución" (Ló tzdaká - maapejá), "No es un error, es la política oficial" (Zo ló taut, zot mediniut). Como podrán apreciar en Ivrit todo suena mucho más lindo y con rima. Además se cantaba la canción infantil: "Lakoba shelí shalosh pinot..." pero cambiando la letra: "La Bibi shelí shalosh dirot, lulé haiú lo shalosh dirot ulai haitá li dirá mishelí" (Mi Bibi - Netaniyahu - tiene tres departamentos, si no tuviera tres departamentos quizás yo tendría una vivienda propia).

El acto incluyó diversos voceros del movimiento de protesta social: comenzando por la actriz cómica Orna Banai, siguiendo por el locutor y comentarista deportivo además de periodista social Mudi Barón, el presidente de la Organización de estudiantes de Jerusalem, la editora del importante periódico social "Eretz Ajeret" y mujer de la ortodoxia liberal - Bambi Sheleg, dos jóvenes madres representantes de la protesta de las carpas y a favor de "Diur Tzivurí" (construcción de viviendas para alquiler, de propiedad pública), y líderes jóvenes de la nueva protesta social. Cantaron los cantantes Izhar Ashdot, Carolina y el trío "Má kashur" (cómicos). En Tel Aviv fue emblemático el discurso de la joven líder de la ciudad de las carpas en la avenida Rotschild, Dafin Lif (fue muy criticada y menospreciada en los medios en los días anteriores a la concentración), y cantaron los conjuntos musicales famosos: "Hayehudim", y "Dag Najash". En Afula cantó Shlomó Gronij, en Haifa cantaron Kobi Oz y David Broza.

Luego de 52 días de protesta social de los llamados en la prensa mundial "indignados" (no así en Israel), y al menos 7 concentraciones, la de ayer fue la más masiva e impactante, y la que mayor impacto tendrá - al menos eso esperan la mayor parte de los israelíes - en el gobierno y en las políticas sociales a largo plazo. Las protestas tienen como denominador común la oposición a los procesos neo-liberales de privatización, el abandono de la cosa pública, el deterioro de la educación pública, la polarización entre ricos poderosos y la enorme masa de israelíes pobres (al menos un millón y medio en términos relativos y según los mide el Instituto de Seguridad Social de Israel anualmente).

Se trata de una "revolución" de la generación joven, liderada por estudiantes y la clase media. No en vano el lema central de la concentración masiva en Tel Aviv, en el corazón de la riqueza y foco de los mejores negocios de marca - Kikar Hamediná -, fue el siguiente: "Nosotros somos los nuevos israelíes" (Anajnu haisraelim hajadashim). Lo dijo Dafni Lif con sus palabras: "No estamos acá para sobrevivir sino para vivir, no estamos acá porque no tenemos otro país sino porque este es el país que deseamos. La palabra "Tzdaká" será reemplazada por "Tzedek", en lugar de aguardar pasivamente - "Lejakot" - bregaremos por el cambio ("Leshanot"), en lugar de la soledad de cada uno en su casa frente a la pantalla surgirá la sensación de estar juntos ("Beiajad").

Fue emocionante el haber sido parte de este fenómeno y el vivenciar este nuevo movimiento de protesta social, que espero influya en forma decisiva en la comisión Trajtenberg (que sesionará hasta Rosh Hashaná) y en las políticas de gobierno (Bibi Netaniahu prometió ayer cambios profundos y la implementación de todas las recomendaciones de la comisión Trajtenberg).

viernes, 2 de septiembre de 2011

Me faltan indios

Me encuentro en este momento en la ciudad de Buenos Aires y tengo que decir que me sorprende no ver a ningún indígena en ningún lado. Cierto, hay gente más morocha que otros, pero todos son "argentinos" o "bolivianos". ¿Dónde están los tehuelches, comechingones, querandíes y pampas? ¡Y todos hablan español! No puedo entender el asunto. Quizás el tema es que están trabajando todos en empresas de Hi Tech o son gerentes y tienen sus autos particulares con vidrios polarizados y yo no los veo cuando voy en colectivo o subte. Sí, debe ser eso. No puede haber otra explicación.

Franco y los judíos: antisemitismo, filosefardismo y posterior revisionismo de la judeofobia franquista.

Generalmente, suelo hablar de temas relacionados con la judeofobia que existe en la actualidad en la sociedad española y como en muchos casos esta logra una buena acogida o al menos aceptación en los medios de comunicación con el pretexto de la crítica a Israel y de la cobertura de la actualidad del conflicto israelo-palestino. Sin embargo, hoy voy a hablar de otro tema también relacionado con la judeofobia: como desde hace unos años para acá, determinadas corrientes de la derecha española -desde ciertos sectores del PP hasta otros más a la derecha- están intentando reescribir la historia para lavar la cara a la dictadura franquista, presentándolo como un mal menor hasta cierto punto necesario debido al clima de inestabilidad política y de caos que se había alcanzado en los últimos años de la II República. Historiadores revisionistas  por ejemplo Pío Moa han dedicado muchos esfuerzos a este fin en los últimos años. En este proceso revisionista de la dictadura también se ha intentado endulzar su antisemitismo, presentando a dicho régimen como amigo del pueblo judío durante la II Guerra Mundial. Para tal fin, los historiadores revisionistas se han aprovechado de la gran labor humanitaria de diplomáticos españoles como Ángel Sanz Briz, Eduardo Propper de Callejón o Giorgio Perlasca, quienes, contradiciendo las ordenes del régimen, salvaron la vida de miles de judíos en las embajadas españolas de París y de Budapest en los años 1940-1942 y 1944-45.

¿Por qué trato ahora este tema? La respuesta es sencilla. Hace un par de días uno de mis amigos en Facebook realizó una serie de comentarios donde comparaba a los políticos catalanistas con los nazis. Una amiga mìa y yo le respondimos que tal comparación, además de ser una aberración histórica y un claro intento de demonización no sólo del Catalanismo sino incluso de la sociedad catalana en general, era también una clara banalización del nazismo, de su política racial y de su antisemitismo, cuyo trágico y terrible desenlace fue la Shoah. La reacción del autor de los comentarios fue borrar nuestras respuestas críticas y bloquearnos. Sin embargo, antes de que me bloqueara, gracias a su propia página de Facebook, descubrí que era el autor de este blog y entre sus escritos me llamó la atención este artículo, donde intentaba presentar al régimen franquista no sólo como no-judeofóbico sino como amigo del pueblo judío durante la II Guerra Mundial. Ante tal manipulación histórica, escribí este texto que ahora quiero compartir aquí con todos los lectores.



 Franco y los Judíos: Antisemitismo, filosefardismo y posterior revisionismo de la judeofobia franquista.

Autor: Jaume B.

Desde hace varios años, en algunas corrientes de la derecha española, desde determinados sectores del PP hasta grupos situados más hacía la extrema derecha, se está dando un proceso de revisionismo y en cierta medida de rehabilitación de la dictadura franquista, presentándola como un mal menor necesario ante el caos vivido en los últimos años de la II República española (sólo por culpa del Frente Popular y de los partidos y sindicatos de izquierda) y relativizando la brutal represión ejercida por la dictadura desde los inicios de la Guerra Civil en 1936 hasta la muerte del dictador en 1975 al mismo tiempo que se destaca el desarrollo y la prosperidad económica de los años 60-70. En este sentido podemos destacar las obras del historiador revisionista Pío Moa sobre la II República, la Guerra Civil y el Franquismo o la polémica negativa a condenar la dictadura por parte del político vasco del PP, Jaime Mayor Oreja, en el contexto de una entrevista concedida al periódico gallego  La Voz de Galicia en el año 2007.

En este proceso revisionista y hasta cierto punto rehabilitador de la dictadura franquista también se ha reescrito la historia para endulzar el antisemitismo  franquista, aprovechando como pretexto la labor humanitaria que diplomáticos españoles como Propper de Callejón, Ángel Sanz Briz o Giorgio Perlasca, reconocidos como Justos entre las Naciones por el Yad Vashem, realizaron en las embajadas españolas de París o Budapest con la finalidad de proteger y salvar la vida de miles de judíos firmándoles visados para poder entrar en España y desde allí desplazarse a América Latina u otros países, proporcionándoles pasaportes españoles y abriendo la embajada y otros edificios alquilados con fondos de la misma para que los judíos pudieran refugiarse. Como ejemplo de la manipulación histórica que acabo de mencionar, podéis leer este artículo del blog "Israel en Positivo".

Aunque lo niegue en una especie de prólogo, el autor del artículo cita los comentarios de varios políticos, historiadores o personalidades judías e israelíes con la clara intencionalidad de presentar al régimen franquista como un gobierno que ayudó y dio refugio a los judíos perseguidos por los nazis durante la Shoá. Lo que figuras como Golda Meir, Israel Singer o Shlomo Ben Ami, citadas en el mencionado artículo, ignoraron es que la dictadura franquista siempre utilizó una retórica antisemita y quizás la idea que mejor la resume es la de la "conspiración judeo-masónica-comunista".   Al igual que Hitler en Alemania y otros grupos fascistas, totalitarios de extrema derecha y anti liberales en Europa, los falangistas y Franco identificaron Judaísmo con Comunismo y Masonería, y de ahí la famosa conspiración. Veamos un ejemplo ilustrativo. En plena guerra civil, para arengar a las tropas franquistas o nacionales, el periodista y escritor falangista Agustín de Foxá en su poema "Romance de Abdelacid" escribió:

"Que al otro lado del monte,
los hombres sin Dios te aguardan,
con tanques de oro judío,
y cien banderas de Asia". (Vicenç Villatoro; ¿De qué hablamos cuando hablamos de Israel?; VVAA; En defensa de Israel, Editorial Certeza, 2004, p. 341).

La propaganda de la conspiración judeo-masónica-comunista fue utilizada por la dictadura hasta sus últimos estertores. De hecho, un mes y medio antes de morir, en su última aparición pública, en un discurso ante sus seguidores en la madrileña plaza de Oriente, el dictador Francisco Franco volvió a advertirles del peligro de la conspiración internacional que amenazaba a España:




La retórica antisemita de la dictadura franquista no se dirigió sólo contra Judíos, masones y comunistas. En una España con una comunidad judía pequeñísima y totalmente inadvertida pero con una gran tradición de judeofobia sin judíos debido al adoctrinamiento inquisitorial durante más de tres siglos, el antisemitismo del régimen se dirigió también contra los políticos catalanistas e incluso contra la sociedad catalana en general. De hecho, en el imaginario de los grupos más anti-liberales, tradicionalistas y conservadores de España los catalanes y los judíos representaban los valores de la modernidad que ellos rechazaban: cosmpolitismo, laicismo, materialismo en su vertiente capitalista o socialista, y compartían los mismos tópicos: desleales, tacaños, ávaros... En ese contexto, Pío Baroja escribió en 1907 que "los catalanes son los judíos de España" y para los falangistas partidos catalanistas como la Lliga Regionalista de Catalunya o Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) eran partidos "judíos" o "judaizados". De hecho, ni el presidente de la Generalitat de Catalunya de entonces, el político de ERC Lluís Companys i Jover, se salvó de las iras de los falangistas, que le dedicaban la siguiente estrofa mientras avanzaban por territorio catalán durante los últimos meses de la Guerra Civil:

"Companys, Judío renegado,
pronto pagarás lo que has causado".
(tomado del siguiente artículo del blog Hasbara-ts).

Pero en su deriva pro nazi y judeofóbica, la dictadura franquista fue mucho más allá de la retórica. Gracias a una investigación realizada recientemente por el periodista Jacobo Israel Garzón ha salido a la luz que la dictadura franquista elaboró en el año 1941 una lista de los judíos españoles o extranjeros residentes en nuestro país a petición de los nazis para enviarlos a los campos de la muerte, a una muerte segura (reseña en Aurora Digital). Por lo tanto, queda claro que la labor humanitaria de los diplomáticos españoles anteriormente mencionados en favor de los judíos no se hizo siguiendo instrucciones desde Madrid sino a espaldas del propio régimen. Veamos el ejemplo de Eduardo Propper de Callejón,que concedió más de 30.000 visados a judíos para que pudiesen entrar en España y pasar posteriormente a Portugal, sin seguir los trámites ordinarios exigidos desde Madrid. Esta situación provocó las quejas nazis a las autoridades españolas y finalmente, Ramón Serrano Súñer, ministro de exteriores y cuñado de Franco, decidió transferir a Propper de Callejón a Larache (Marruecos) como cástigo por haber desairado a los alemanes. Ángel Sanz Briz y su colega Giorgio Perlasca tuvieron más suerte. En 1944 el ministro del exterior era Francisco Gómez Jordana, el Conde de Jordana, y no se cobró represalias porque en ese momento al régimen franquista, viendo la más que probable derrota alemana, le interesó una política más neutral y un mayor acercamiento a los aliados.

Que quede claro pues que la dictadura franquista no tuvo como política oficial ayudar a los judíos durante la Shoah y sólo trató de esconder su antisemitismo - siempre presente y latente- a partir de la derrota de los nazis y sus aliados a mediados de los años cuarenta, con el fin de conseguir el reconocimiento internacional de la España franquista, objetivo que finalmente alcanzó en los años cincuenta. Para disimular su antisemitismo, el régimen franquista utilizó el filosefardismo, donde se idealizaba al judío sefardí y se le veía como la esencia de lo español en el extranjero durante siglos. Además se le desjudeizaba y así se cargaban los reproches antisemitas realizados a los judíos sólo a los Asquenazíes. En palabras del periodista Antonio José Chinchetru:

Ya hemos señalado que este filosefardismo en muchos casos está exento de judeofobia y en otros es la excusa perfecta para el antisemita español. Pero hay un tercer caso, que es un fenómeno con muchas décadas de vida en nuestro país. Se trata de lo que se podría denominar como un esquizofrénico filosefardismo antisemita. No resulta extraño encontrar entre la extrema derecha española personas que sienten un sincero amor hacia los sefardíes al tiempo que odian al conjunto de los judíos. El mecanismo mental que permite esta contradicción consiste en atribuir todos los males que el antisemita personifica en los judíos a los asquenazíes (descendientes de aquellos que vivían durante la Edad Media en el centro y este de Europa). Mientras que en el sefardí se incide en su carácter hispánico despojándolo de su judeicidad.

Esta esquizofrenia, si se nos permite la licencia de utilizar dicho término psiquiátrico, estuvo ya presente en intelectuales falangistas durante la Segunda República, como Ernesto Giménez Caballero. Es después, durante el franquismo, cuando aparece por primera vez el filosefardismo como excusa para negar el antisemitismo.

(ver las páginas 185-186 del artículo de José Chinchetru "Las Coartadas del antisemitismo: el mito del judío arqueológico).

En conclusión, a pesar de que España tenía una comunidad judía muy minoritaría, el régimen franquista siempre coqueteó con el antisemitismo y con las teorías de conspiración judía mundial aunque dependiendo de las circunstancias históricas hizo gala o bien intento esconderlo, disimularlo o negarlo. Esta circunstancia ha hecho que, actualmente, desde determinadas corrientes de la derecha española, en un proceso de revisionismo histórico y de rehabilitación  pública del franquismo, se intente presentar a dicho régimen dictatorial no sólo como no antisemita sino como protector y defensor de los judíos, especialmente de los sefardíes durante la Shoah. Sin embargo, las evidencias históricas demuestran que en esos momentos, tanto por la influencia de su ideología, mezcla de fascismo, tradicionalismo y antiliberalismo, como por su afinidad con los regímenes del eje, el régimen franquista no sólo no llevó a cabo una política oficial de apoyo a los judíos sino que intentó realizar su contribución a la "solución final" nazi mediante la elaboración de un listado de los judíos que vivían en España para ser entregados a los nazis. Sólo tras la derrota de las potencias del eje y en vista a su aceptación internacional, el régimen franquista intentó esconder esa colaboración y presentarse como neutral en el conflicto y no antisemita. En este sentido, una de las estrategías utilizadas fue un supuesto filo sefarditismo que en realidad escondía su profundo antisemitismo. De hecho, el dictador Franco y sus seguidores mantuvieron bien vivas las teorías antisemitas de una conspiración judeo-masónica-comunista contra España hasta los estertores del régimen y de hecho la dictadura franquista nunca reconoció internacionalmente al estado de Israel. Además, durante la mayor parte de la dictadura el Judaísmo español fue un Judaísmo clandestino debido a que el régimen dictatorial tenía como religión oficial del estado el Catolicismo y uno de sus puntales ideológicos fue el Nacional-Catolicismo.