Imaginemos que un estudiante norteamericano, de la Universidad de Brandeis en Boston -por ejemplo- recibe una beca de la cátedra de Estudios Judíos de dicha institución para ir a Europa a estudiar el fenómeno del antisemitismo. Continuemos imaginando que, después de viajar por los países más importantes del continente, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido; recala, como última parada y no menos importante, en España -cuna de los judíos sefardíes y, en consecuencia, tierra ancestral de un 30% de la población judía actual-. Sigamos un poco más y supongamos que, en un repaso obligado de los informes publicados por organizaciones como la Liga AntiDifamación, el Pew Research Center, o el Foro para la Contención del Antisemitismo, sobre la situación del antisemitismo en 2009, el estudiante descubre que se señala a España como el país que contiene los índices más altos de Europa. ¿Qué hacer?
Finalicemos nuestra divagación situándonos en la posición del estudiante, cuando está un día entero buceando en prensa escrita, digital y televisiva, en busca de noticias que contengan las palabras judío e Israel. Encontraría, si hiciera un repaso del último año, fotos de manifestaciones multitudinarias en las que se hace mofa del Holocausto y se compara a Israel con los nazis, una escultura llamada Stairway to Heaven que triunfó en una Feria de Arte Contemporáneo, en la cual se representa a un rabino pisando a un cura y a un imán, enmarcados por un candelabro en forma de metralleta, viñetas que muestran a judíos con narices ganchudas clavando a Obama en una cruz, artículos de un tal Antonio Gala, justificando la persecución a los judíos, infinidad de crónicas desde Oriente Medio salpicadas de vocablos como "balas judías" o "tanques hebreos", tertulianos en las televisiones acusando, en cuanto tienen oportunidad, a Israel de un gobierno genocida y respaldado por el verdadero poder en Washington: el lobby judío norteamericano.
Probablemente la conclusión de su estudio, no distará mucho de los alarmantes informes que las anteriores organizaciones publicaron. En España, el antisemitismo, llega a los niveles de la Segunda Guerra Mundial Lamentablemente, esta es la verdad, cruda y real. Para ello, nuestro estudiante no tendría que aportar toda la información que ha descubierto en la prensa, le bastaría con un dato revelador, obtenido en una encuesta del Observatorio Escolar del Ministerio de Educación, el cual concluye que uno de cada dos estudiantes no compartiría pupitre con otro estudiante judío. Sí, en el año 2010 en España, en un país en el cual su número de población judía no supera los 15.000 habitantes, en un país de la Unión Europea, en un país que posee una milenaria cultura sefardí.
Antisemitismo, axioma de la civilización europea
Estudiar el Antisemitismo en Europa es una ardua tarea. No hay nación, estado o imperio del continente europeo que no haya incurrido en actitudes, leyes, persecuciones, incidentes o matanzas contra los judíos. El cenit de ello, llegó durante el exterminio masivo e industrial en el Holocausto. Se puede decir que, el antisemitismo, ha sido un axioma de la civilización europea. Desde la totalidad de los grandes filósofos y pensadores griegos, hasta las chimeneas de Auschwitz, pasando por los progromos en Rusia o las expulsiones en España, Francia o Portugal. Pero, es cierto, cada sociedad tiene ciertas diferencias a la hora de tratar el tema, y España, no es para menos. Analicemos, pues.
Durante esta última semana, ha nacido un diario digital con el nombre de República de las Ideas, el cual cuenta con columnistas de gran talla y prestigio. Uno de ellos es Inocencio Arias, actual cónsul en Los Angeles, y diplomático de reputada carrera. Este ha escrito un artículo titulado: "¿Nos caen gordos los judíos?" en donde reflexiona sobre el antisemitismo en la sociedad española a raíz de los informes que hemos citado anteriormente. Básicamente, su tesis se centra en el hecho de que los incidentes antisemitas en España crecen cuando Israel lleva a cabo una política en contra del derecho internacional. Justificando de esta forma la intolerancia, rechazo o mala imagen de los judíos, ha perfilado, casi a la perfección, la nueva forma de antisemitismo moderno: el ataque al pueblo judío utilizando al Estado de Israel como excusa. Y además, calcando la respuesta que dio, allá por 2002, el líder neofascista francés Jean Marie Le Pen, a la pregunta de ¿por qué creía que los incidentes antisemitas en Francia se habían incrementado tan preocupantemente?: es consecuencia de lo que ocurre en Oriente Medio; contestó sin despeinarse, el político francés.
Distintos rostros del antisemitismo
El antisemitismo ha mutado a lo largo de los siglos, fue religioso, más tarde racial y ahora es político. En España se dan ciertas peculiaridades, sobre todo porque existe en la conciencia popular mucha mitología antisemita heredada de la tradición católica, por lo que perdura el antisemitismo de corte religioso en muchos sectores conservadores -pese a que este ámbito político y social está en una luna de miel con Israel y sus políticas- , pero, nunca se ha dado, al menos significativamente, el de tipo racial. Pero lo significativo, según los informes que manejamos y que también menciona Arias, es que es un fenómeno que se da violentamente en el espectro político, uniendo a extrema izquierda y extrema derecha. De hecho, las palabras que utiliza Democracia Nacional, partido de ultra derecha, son las mismas que utiliza Izquierda Unida, partido de extrema izquierda, para referirse a Israel y a la influencia o actitudes del pueblo judío.
En medio de todo, el agente social que realmente agita el antisemitismo político -el referido al Estado de Israel- es sin lugar a dudas la comunicación. Los medios de información en España -no todos, muchos medios liberal-conservadores como ABC, La Razón o Libertad Digital llevan años a contracorriente- , ya sea por vender titulares morbosos y sacar una buena tajada, o por clientelismo político -no es la primera vez que mencionamos que en España, las actitudes hostiles hacia Israel, representan un saldo de votos incalculable- inundan los televisores y periódicos españoles con noticias tendenciosas y parciales constantemente. No sólo obviando otros conflictos con más intensidad que el de Oriente Medio -la semana pasada en Pakistán murieron 71 civiles en un atentado y apenas gozó de unos segundos en antena- sino promoviendo un posicionamiento obligado de la sociedad -una sociedad que por un lado, o está muy etiquetada políticamente hablando, o por otro lado, es apática e indolente por una de las partes de un conflicto complicado, lleno de matices y sobre todo alejado de cualquier maniqueísmo si se aborda desde un punto de vista racional.
España no es un "demonio" antisemita
No es cuestión de demonizar a esta nación, España, situándola como un caldo de cultivo del antisemitismo más rancio. Lo es, desgraciadamente, sin embargo, y pese a que como hemos apuntado tiene un palmarés histórico en la materia de sobra conocido -Leyes antisemitas visigodas, Inquisición, expulsión...- no hay que olvidar que, frente a esta demencia de prejuicios y fabulaciones sobre los judíos, existe un importante número de políticos, periodistas y ciudadanos que, no se dejan aplastar por el rodillo de lo establecido -ser hostil contra Israel, y en menor medida contra el pueblo judío es políticamente correcto- y defienden a capa y espada el derecho de Israel a existir y a defenderse y denuncian, contra todo pronóstico, cualquier manifestación, acto, noticia o artículo de opinión con tufillo antisemita. Siendo las comparaciones odiosas, y sin querer incurrir en la Ley de Godwin -esa que dice que a medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno- estos lazos de amistad entre el pueblo judío y una parte del pueblo español no son sólo de ahora, el cónsul español en Hungría, Ángel Sanz Briz, durante la Segunda Guerra Mundial, salvó a miles de judíos -muchos más de los que salvó Oscar Schindler- dándoles pasaportes españoles y refugiándolos en la Embajada española, siendo España simpatizante de las fueras del Eje, o el dictador Miguel Primo de Rivera, fue quién decretó un edicto en 1924 por el cual todo judío sefardí podría acceder automáticamente a la nacionalidad española -edicto del cual se valió Sanz Briz para salvar a muchos judíos-. También, y como ejemplo bastante curioso -sobre todo para los aficionados apasionados del deporte- en la década de los setenta, el entonces presidente del Real Madrid, Santiago Bernabeu, en un partido de baloncesto que enfrentaba a dicho equipo contra el Maccabi de Tel Aviv, se quitó la insignia de oro que llevaba de su club y se la entregó a Moshe Dayan que asistió al partido, levantando así la ira de la jerarquía franquista que no reconoció al Estado de Israel, durante los cuarenta años de régimen dictatorial.
Conclusión
Pese a que la situación es preocupante, los judíos españoles podemos contar con muchas personas que, al igual que en todos los momentos oscuros que se han cernido sobre nuestro pueblo, nos ofrecerán su ayuda desinteresadamente y no desistirán en su lucha.
El problema es que nuestro estudiante universitario, con el que comenzamos este análisis, habrá salido de España muy preocupado por el antisemitismo y sin saber que, por ahora, este país es habitable para los judíos.
Publicado en Horizonte
" pero, nunca se ha dado, al menos significativamente, el de tipo racial."
ResponderSuprimirTe equivocas en esto. España es justamente la pionera por varios siglos en el antisemitismo racial. No otra cosa fueron las leyes de pureza de sangre que distinguían entre cristianos nuevos y cristianos viejos.
Tienes razón Fabian, hubieron leyes de pureza de la sangre, pero al referirse a los cristianos nuevos y a los viejos, y al tener su origen etas leyes en prejuicios religiosos, pues no lo consideré antisemitismo racial, sino religioso, que es ese al cual me refería.
ResponderSuprimirEs que justamente, la diferencia entre cristianos viejos y cristianos nuevos es que estos últimos no eran cristianos confiables por tener sangre judía. Y la "impureza" se podía rastrear a través de las generaciones, exactamente como los nazis dijeron luego. Justamente, no es un antisemitismo religioso, porque todos esos judíos se convirtieron al cristianismo -en general la condición que daba fin al "problema judío"- pero eso no fue suficiente para eliminar el odio. Los nazis solo agregaron estupideces pseudocientíficas sobre la gradación de las razas, el tamaño de las narices, etc.
ResponderSuprimir<span>Un artículo muy interesante, y en general coincido con la mayoría de los puntos. Es especialmente llamativa la relevancia que dan los medios al tema de Oriente Medio en comparación con otros donde muere mucha más gente (Darfur es el ejemplo más fácil), aunque esto no es un mal exclusivo de España. Lo de resaltar exclusivamente las noticias que dejan mal a Israel, en cambio, sí que es tristemente característico de nuestros medios.</span>
ResponderSuprimirSobre este tema de los medios me gustaría hacer una apreciación. Yo no calificaría a ABC, Libertad Digital y La Razón como medios "liberal-conservadores". Este calificativo se le podría dar a El Mundo, por ejemplo, pero los tres periódicos citados están más cerca del conservadurismo más rancio, peligrosamente próximos a la extrema derecha en casi toda su línea editorial. Se da la paradoja de que medios que a menudo defienden el franquismo y a sus herederos ideológicos se han convertido en los únicos defensores de Israel, estado no reconocido por la dictadura. En cambio, los medios más progresistas ha menudo parecen defender a Hamás (o como mínimo ignorar deliberadamente todas las noticias de sus crímenes), grupo con el que ideológicamente no tienen, en realidad, ninguna coincidencia.
Algo de esa paradoja, y otras cosas relacionadas con este post, comenté en la entrada "Odiar a Israel está de moda".
Saludos.
De acuerdo con Fabian. Para ocupar un cargo público era necesario el certificado de "pureza de sangre", que demostrara que no hay judíos en tu familia al menos en cuatro generaciones. Yo iría más lejos y diría que España no sólo fue el precursor del antisemitismo racial, sino también de las leyes de Nuremberg.
ResponderSuprimirEn España los judíos los expulsaron hace 500 años, pero el antisemitismo siguió arraigándose con otros 300 años de inquisición (que no tuvo paralelo en europa), cuando ya no había judíos seguían búscando "judeizantes" hasta debajo de las piedras, como quien caza fantasmas.
<span>¿LA JUVENTUD DEBE TOMAR LA POSTA ES SU TIEMPO Y SINOLOHACEN ELLOS QYEN LOS VIEJOS YA HICIMOS O NOLOHICIMOS TANTO COMOPUDIMOS HOY ES TIEMPO DELOS JOVENES ES SU MUNDO DEFIENDANLO Y BIEN PARA SUS HIJOS En qué estás pensando...?</span>
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