
Y lo festejo con una foto de la plaza donde juega mi hija, en mi ciudad, Rishon LeTzion.
Un blog para dominarlos a todos. Zion (Hebrew: ציון; Tiberian vocalization: Ṣiyyôn; transliterated Zion or Sion) is a term that most often refers to Jerusalem and, by extension, the Biblical land of Israel (Wikipedia).
De entre esas personas, este mensaje está dirigido a las que no utilizan este argumento, pero dejan ingenuamente que se utilice con ellos. Para eso, me dediqué a escanear la página de uno de mis libros. De allí la siguiente ilustración, que muestra a la "Serpiente Simbólica", saliendo de Palestina, recorriendo Europa y volviendo a Palestina.
La imagen de esta ilustración fue tomada del libro "Warrant for Genocide" de Norman Cohn. Cohn, famoso y respetado historiador, agrega un texto explicativo:
"La 'Serpiente simbólica', que se supone que representa el progreso del complot judío desde el siglo V a.e.c. en adelante. Saliendo de Palestina la cabeza de la serpiente se mueve a través de los estados de Europa hasta que, con la inmigración sionista, regresa a su lugar de origen. Esto significa que el mundo está gobernado desde Palestina, y marca la culminación del complot. Figuras y descripciones de la Serpiente han acompañado a los Protocolos durante toda su historia."
Sí. La Serpiente es una ilustración común en las ediciones de "Los Protocolos de los Sabios de Sión", esa falsificación creada por la policía secreta del zar de Rusia en el siglo XIX con el objetivo de acusar a los judíos de causar los problemas de Rusia con el objetivo de imponer un dominio universal. Podría ser la tapa de cualquier panfleto anti-israelí moderno. La cabeza de la "serpiente" está en Jerusalem.
Si piensan que el argumento "acuso a los sionistas no a los judíos, por eso no soy antisemita" es novedoso o tiene algún peso, se equivocan. Los antisemitas desde el siglo XIX que acusan indistintamente a judíos y sionistas según la ocasión; desde el siglo XIX que acusan a los judíos que inmigraban a Palestina (los sionistas), de ser la fuente del mal.
Lo único que ha cambiado es que por un tiempo, unos pocos años, luego del Holocausto, quedó feo acusar a los judíos de ser los causantes del mal, y se prefirió dejar de usar la palabra "judíos". La verguenza, el clima no propicio para el racismo está quedando atrás y pronto volveremos a ver acusaciones indistintamente contra los judíos y contra los sionistas. En el mundo musulmán ya son moneda corriente. En Europa esto está comenzando y todavía se lo puede parar.
Pero sólo si se abren los ojos y se abandonan las excusas para el racismo contra los israelíes.
Escribiendo en el New York Times, un ex-oficial de seguridad de las Naciones Unidas describe lo que la ONU hizo en Somalía en 1995, como respuesta a una situación de rehenes.En 1995, por ejemplo, el suministro de agua para Mogadishu, la capital, fue cortado por las agencias humanitarias de las Naciones Unidas hasta que un rehen que trabajaba para otra organización de ayuda fue liberado. El primer día del corte, las mujeres que juntaban agua de los puntos de distribución públicos le gritaron a los secuestradores; el segundo día los apedrearon; el tercer día les dispararon; el cuarto día, el rehén fue liberado.
¿No es interesante?
Imaginen como las Naciones Unidas reaccionarían si Israel cortara el suministro de agua a Gaza, en respuesta al secuestro de Gilad Shalit.

Vals con Bashir, dirigida por el documentalista Ari Folman, quien es a su vez el protagonista de este largometraje de animación, goza de una maestría técnica que roza la perfección, de un pulso narrativo llevado con extrema delicadeza y de un dramatismo que se reprime y contiene hasta que explota en la última secuencia, en la cual se ven las únicas imágenes reales de la película. Su genialidad radica no sólo en la originalidad de cómo contar los sucesos que rodearon la matanza de Sabra y Shatila y en sus virtudes formales, sino también en la conciencia rebosante en cada fotograma de la película. Conmover y arañar las conciencias del público israelí es lo que busca Ari Folman con este viaje retrospectivo en busca de una memoria "perdida". Y estos son, ciertamente, los aspectos de la película que realmente mueven al debate y a la reflexión: la conciencia de culpabilidad -sobre todo del mismo Folman- y la memoria.
El mismo Ari Folman, como muchos de sus coetáneos y amigos, participaron en la "Operación Paz para Galilea" o también conocida como Guerra de Líbano de 1982. La síntesis de este conflicto y la matanza de Sabra y Shatila -dicha síntesis es fundamental para un análisis de la película- fue la siguiente: Israel entró en el país de los cedros para acabar con los ataques que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) -instalada en Líbano y después de la guerra expulsada a Túnez con su jefe Arafat- lanzaba sobre la población civil israelí del norte. Líbano, estaba sumido en una guerra civil entre cristianos y musulmanes, e Israel tomó partido por el bando cristiano liderado por el falangista, maronita y mandatario electo Bashir Gemayel. Israel prometió en un principio no traspasar una línea de 40 kilómetros desde la frontera israelí y, en consecuencia, no tomar la capital, Beirut. Pero el 14 de Septiembre Gemayel es asesinado junto a cuarenta personas en un atentado y casi instantáneamente, al mando del Tzahal (Ejército de Defensa de Israel) el entonces Ministro de Defensa Ariel Sharon, ordena tomar Beirut Occidental. Las milicias cristianas brindaron su ayuda al ejército israelí y se ofrecieron para entrar en los campos palestinos de Sabra y Shatila en busca de terroristas. Lo que tenían era sed de venganza y durante un día entero, mientras soldados israelíes se apostaban fuera del campo sin saber lo que pasaba, masacraron a unas 1000 personas -la cifra exacta nunca ha sido posible determinarla debido a la extorsionadora propaganda árabe-.
El terremoto social y político provocado por la permisividad del ejército de Israel tuvo consecuencias muy importantes -desgastó también al Gobierno de Begin hasta relegarlo a la oposición- por eso resulta extraño que Folman quiera hacer de su remordimiento y de su complicidad involuntaria en la matanza un sentimiento de culpa colectivo a todos los que participaron en la Guerra de Líbano, y en extensión recordar a la sociedad israelí lo culpable que fue su ejército. Folman podría argumentar que es sólo un viaje personal en busca de una memoria perdida, pero, en ese caso, no habría sido necesario materializarlo en una película. Aun así, la grandeza del film no reside en estos enfoques algo difusos de su creador, sino en la representación de la conciencia israelí hasta su grado más alto: ningún país democrático en medio de una guerra hubiera armado tanto revuelo por una matanza que su ejército no cometió materialmente. Ninguna sociedad se hubiera implicado tanto en averiguar la responsabilidad de una matanza no perpetrada por su ejército y de una población que albergaba terroristas.
Vals con Bashir -el título hace referencia a una de las escenas centrales de la película- no sólo muestra un viaje retrospectivo y personal en busca de la memoria perdida y del horror de la guerra, sino también, la conciencia de una sociedad que no olvida ni siquiera sus propios errores.Más urgente que la cuestión de las fronteras, más urgente que la disputa por los santos lugares, más urgente que cualquier otra cuestión es la tragedia de los refugiados de 1948, de las gentes que perdieron sus hogares en la guerra de Independencia de Israel de 1948.
Existe un profundo desacurdo sobre quién echr la culpa, o la mayor parte de la culpa, por ello. Algunos historiadores israelíes modernos culpan a Israel. Supongo que dentro de pocos años, por fin, y espero poder vivir para contarlo, algunos historiadores árabes modernos culparán a los gobiernos árabes de aquellos años. Pero este asunto es urgente y acuciante.
Todos y cada uno de los refugiados palestinos sin hogar, sin trabajo ni país deberían ser provistos de hogar, trabajo y pasaporte. Pero Israel no puede admitir a esa gente en grandes cantidades. Si lo hace nunca más será Israel. Pero debería participar en la solución (...) Israel tiene que facilitar el reasentamiento de los refugiados en la futura Palestina, que incluye a Cisjordania y a Gaza, o en otra parte.
Desde luego, es perfectamente legítimo que Israel saque a colación el tema del millón de judíos refugiados de los países árabes que también perdieron sus hogares, sus propiedades y sus países. No quieren volver a sus lugares de origen pero han dejado todo atrás: en Irak, en Siria, en Yemen, en Egipto, en el norte de África, en Irán, en muchos países donde fueron virtualmente expulsados a empujones, a veces incluso a la fuerza. Se tendría que prestar atención a esto.

"Este es el pan de la pobreza que comieron nuestros padres en Egipto. Todo el que tenga hambre que venga y coma, todo el que esté necesitado que comparta Pésaj con nosotros. Este año lo celebramos aquí, que el año próximo lo celebremos en Israel. Este año somos esclavos, que el año próximo seamos libres."
